martes, 27 de enero de 2009

Calamo Currente

Honestamente, me sorprende sobremanera el hecho de que soy padre de familia. Mi hijo está por cumplir su primer año de vida y aún me sigo sorprendiendo cada vez que lo veo. Hace algunos años atrás ni siquiera me hubiera imaginado que tendría tal honor de ser padre. Tal responsabilidad hace que se me hinche el pecho de gusto y de gran felicidad.

Se me hace extraordinario ver a mi hijo y tenerlo entre mis brazos, ver que se mueve, que busca, que sigue con la mirada el mundo que también quisiera comerse con los mismos ojos, y con todos sus sentidos en general. Me parece una experiencia nueva cada día. Una experiencia que se trasciende al mero hecho de tener que alimentarlo, y que cambiarle el pañal, y tener que cuidarlo para que no le pase nada desagradable, y anexas.

Amo a mi hijo. Amo a mi esposa y le agradezco infinitamente el hecho de ser la madre de mi hijo. A ella le juré amor eterno en el altar. Y también le confirmé mi compromiso en el registro civil. Ella es una gran mujer a la que amo y con la que disfruto mucho compartir mi vida día con día. Es la cantidad exacta de amor, comprensión y ternura (entre otras muchas otras cosas hermosas)que necesito a diario para poder funcionar. Ambos estamos aprendiendo a crecer como seres humanos. Y ahora que somos padres, creo que nos hemos graduado de algún tipo de primera fase. Y es con esta mujer que amo con la que he engendrado a un ser maravilloso que es mi hijo. Yo sé que cada padre verá a su propio vástago como lo más hermoso que haya admirado en toda su vida y sé que también hay blogs, lugares y conversaciones en las cuales miles de padres se gastan el vocabulario, el lenguaje, los idiomas en alabar y presumir a sus retoños, quizá con este post, me sumo a ese conjunto de personas... y para ser francos, no es algo por lo que me pueda sentir avergonzado. Al contrario, estoy muy orgulloso de ello.

Y estoy maravillado... mucho. Amo a mi hijo. Me gusta abrazarlo, jugar con él, sentirme parte de su desarrollo como persona, de su crecimiento intelectual, motriz, emocional, y demás. Siento una gran responsabilidad al respecto. Siento también un gran miedo a poder decepcionarlo algún día. Lo miro y me miro a mí mismo en él. Es un hecho comprobado que me puedo pasar horas mirando su fonto sonriente. También es un hecho comprobado que a veces no puedo comunicarme como quisiera con él y eso me frustra y me desespera. No quiero que exista ninguna barrera de comunicación entre nosotros. Eso sería algo muy triste y, quizá, devastador para mí.

Yo sé que realmente no existen escuelas para ser padres de familia, pero creo que hasta el momento tanto Tania (mi esposa) como yo lo hemos estado haciendo bien. Me esponjo como mantecada de comercial de tv cada vez que lo llevamos a su revisión periódica con su doctor y nos dice que el desarrollo de Mateo es satisfactorio. Me siento como si nos pusieran una estrellita en la frente por ser buenos padres. No quisiera que eso dejara de ser nunca. Sé que en algún momento de la vida, por el bien del desarrollo de todos en la familia, cada quien tendrá que seguir sus propias actividades y obligaciones, y no quiero que existan distractores que me impidan darle seguimiento a su crecimiento y aprendizaje. Quizá esa sea la parte más emocionante de ser padre de familia: sabes que lo serás por el resto de su vida.

Actualmente, soy el orgulloso padre de un bebé muy sonriente. Y quiero ser el padre de un hombre muy feliz. Sé que mucha de esa chamba le corresponderá a Mateo en el resto de su vida, de acuerdo a sus decisiones y a sus actos; pero creoq ue tanto Tania como yo tenemos la responsabilidad de darle las bases para que esas decisiones estén orientadas de acuerdo a que él busque su propio bienestar.

Quizá esta idea de ser el padre ideal sea una mera expresión de un gran egoísmo de mi parte, quizá sea porque en cincuenta años me quiero ver como un abuelo coqueto que aún le dé un par de nalgaditas de complicidad a su esposa y que espere ansioso la visita de sus hijos y nietos para poder disfrutar con ellos de una comilona dominical y de una tarde de cine casero (sea en el formato que sea, pantalla de plasma, holográfica, conexión neural, o lo que sea que exista en ese momento). Deseo ver nietos felices y un hijo con una vida plena y una mirada de satisfacción al mirar a sus padres y a sus propios hijos. Deseo un hijo que esté orgulloso de sus padres y de sus abuelos. Que sea capaz de hacer su vida y de tomar sus decisiones que lo lleven hasta la última consecuencia del cumplimiento de sus sueños, sin olvidar que, al final del día tendrá un hogar que lo reciba con los brazos y el corazón abiertos. Deseo un hijo que no tenga miedos ni se imponga límites, que siempre tenga metas alcanzables y posibles. Deseo estar toda su vida presente y ser un buen referente para él. Y quizá parezca disco rayado, pero... amo a mi hijo.

Yo soy un hombre que gusta de andar de pata de perro, por aquí, por allá... era una rata de ciudad que siempre andaba en busca de una cafetería dónde pasar un buen rato charlando con los amigos o disfrutando de la lectura de un buen libro. Amante de las artes y siempre en busca de nuevas formas de inspirarse para crear nuevos mundos y plasmarlos en papel, imágenes en movimiento o en pixeles. Quizá por el momento no tenga mucho contacto con esa parte de mí, por ahora soy un padre de familia cuya máxima ilusión al terminar el día sea estar en casa con su mujer y su bebo. Ahora soy un ratón de casa. Pero uno muy feliz. Realmente no hay lugar donde quiera estar que no sea en la compañía de mi esposa e hijo.

Quiero comenzar a leerle a mi hijo. Sólo me quiero esperar un poco a que entienda un poco mejor lo que le lea. Quiero heredarle el gusto que tengo por los libros y la lectura, las artes en general. No quiera que sea un clon mío, ni mucho menos, pero sí que tenga las bases para que pueda tomar sus propias decisiones.

Ser padre es una sensación muy extraña para mí, me siento como si la vida me hubiera encomendado una misión muy importante, como si me hubieran premiado, como si tuviera en mis manos un poder muy grande... no lo niego, esta sensación también me asusta, pero muy dentro de mí y, con el apoyo del amor que nos tenemos Tania y yop, no dudo que podemos llevarla a cabo bastante bien.

Algo que me resulta totalmente hermoso es cuando mi hijo se acurruca en mis brazos y se duerme mientras lo cargo. Quizá aún no podamos comunicarnos del todo bien, pero esa se me hace que es la muestra de amor y de confianza más palpable de su parte hacia mí. Un detalle más que me gusta es que cuando me llego a quedar jetón en la cama junto a él, invariablemente él mueve su cuerpecito hacia le mío en busca de calor y protección. Hasta donde yo sabía, la única persona que hacía eso también era mi esposa. Eso me encanta.

Amo a mi familia. Amo a mi esposa. Amo a mi hijo. Me siento afortunado de tenerlos. Y no quiero decepcionarlos nunca. Agradezco a la vida, la vida que llevo, la vida que tengo. Gracias.

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En las fauces de una fiera llamada vida...

La vida es una vieja gorda que juega damas chinas con la muerte, bebe cocteles exóticos y deja que la muerte le meta la mano debajo del vestido. No es lisonjera ni condescendiente, se burla de nosotros y nos rige bajo las leyes de un tal Murphy.

En fin, ésta pretende ser la crónica del deambular de un ente por los rollos de grasa de la gran vieja gorda. A veces con paseos por sus fauces amén de ser masticados como carne corriosa y deglutidos como un bocado suculento... Con tal de no terminar siendo parte de sus flatulencias musicales...

Sean bienvenidos a este bufete, donde todos compartimos lugar en la mesa, sin que necesariamente estemos sentados a disfrutar de él...

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