domingo, 8 de junio de 2008

De la mejores cosas de la vida...

A veces estamos tan absorbidos por la rutina, el trabajo, los pagos, las noticias, quesque el petróleo ya no es nuestro si le metemos inversión extranjera, (chingao, ¿por qué no se dejan de mamadas de que el petróleo es de todos si bien sabemos que sólo los cuello blanco han podido obtener ganancias a costa de él?) que si se acaba el seguro de tu carro y hay que renovarlo, que nos quedamos sin trabajo y tras varios años de servicial esclavitud, sólo nos dan una patada en la cola y nos tratan peor que a terroristas confesos, que si sí, que si nó... en fin... entre tanto desmadre que conforma nuestras vidas... comenzamos a fantasear con un tiempo de relajación en una alberca cercana a una playa donde nos sirven unos tragos coquetos (supongo que son coquetos porque traen sombrillitas multicolores) y el sol nos matiza de colores fenomenales un ocaso pocamadre, mientras disfrutamos de un servicio de lujo (mismo que en cuanto veamos la cuenta de lo que cuesta, de inmediato nos sentiremos peor por haber gastado tal cantidad de plata en un simple capricho), o nos imaginamos un fin de semana cachorrón con nuestra pareja en una cabaña mega lujosa en los alpes suizos mientras hacemos cochinadas en la nieve y disfrutamos de una copita de vino de la lujuria a la luz de una hoguera fenomenal cual video mamonezco de Luis Miguel... o bien, nos vemos paseando por todo el mundo como estrellas de rock en gira mundial, o teniendo una horda de esclav@s sexuales atendiendo nuestros más perversos deseos, y la lista es larga... muy pendejamente larga...


Vivimos en un mundo regido por los medios y por la cultura del deseo y el consumismo (y no me refiero al "con su mismo pantalón, con su mismo suéter, con su misma vieja" y demás), quizá exista alguien entre nuestros lectores (ja, ja, ja, ja... pendejo de mí como si hubiera un chingo a los que les interesara leer estas mamadas... ja, ja, ja, ja...) que tal vez piense que soy un estúpido perdedor ardilla que jamás se ha dado un gustito en la vida y me diga que él (o ella) sí ha vivido la vida como se le ha pegado su regalada gana. Y no dudo que en verdad existan personas así... ¡qué bueno!... existen personas acostumbradas a querer tirarse un pedo en líbano y al siguiente fin de semana están rociando en territorio libanés sendos gases mortales cual escape de camión de transporte público troncal del estado de México. Hay quienes nunca se quedan con ganas de nada, tienen todo lo mejor que la vida les puede ofrecer... bueno, siempre y cuando lo puedan pagar con Mastercard o con VISA... mientras tanto, habemos quienes nos partimos la madre a diario bajo el yugo de quienes se valen de nuestro trabajo para darse esos gustos...


Lo más cagado del asunto es que me ha tocado platicar con aquellas personas que viven esa vida que sólo en nuestras más pachecas fantasías nos podemos dar... y cuál es mi sorpresa que pienso que se la viven felices y demás y lo que me vengo a encontrar es un gran vacío... una continua aburrición y cansancio por seguir vivos... tienen la ilusión automática de comprarse el teléfono móvil de moda antes de que lo haga su mejor cuate y así lo pueda mamonear mientras sale un modelo mejor... pero de ahí no pasa... son como un gran hoyo negro que absorbe, que traga, que pide, que exige, que clama por atención, pero que no es capaz de dar nada a cambio...


Viven una vida de ensueño pero están aburridos... insatisfechos... vacíos al final del día...


A través de la magia de internet he sabido de quienes llevan una existencia fenomenal, no se preocupan de cuánto van a gastar por tener una fiesta en Tenerife, o visitar un fin de semana el Mar Muerto y arrojarle un Red Bull para ver si revive tantito, o se toman una foto en una playa distinta cada semana, o bien nos muestran sus sonrisas cansadas en una calle maravillosa de París o de Praga, o bien nos cuentan lo cagado que fue que los regañaran por sacarse una foto con flash en plena ceremonia de un recinto sagrado, o una y mil más experiencias monas que tuvieron en su deambular a través del mundo.


Y cuando los tienes enfrente y les preguntas cómo se sienten al respecto y qué es lo que van a hacer el resto de sus vidas, te miran como si fueran unas pobres almas indefensas y sus ojos cristalinos cual mascota rechazada en el hospicio canino por el niño entusiasta y te responden: "No sé", "He pasado por tres intentos de darle un rumbo a mi vida y aún no me hallo"... "hoy cuando me desperté sólo me dieron ganas de morirme y me deprimí"...


¿Y la vida de ensueño? ¿Y la actitud cool con la que salen en las fotos en su gira mundial dónde se quedó? Seguramente se fue en algún punto a la mierda. Lo peor del asunto es que esperan que les tengas tanta lástima y tanta compasión como si tus propias preocupaciones sólo fueran una mamada ante el inmenso dolor que sufren.


Ése es el síntoma muy común de quienes se saturan de la vida hasta exprimirle su último significado. Es propio de las personas que están acostumbradas a que les sirvan y que no valoran el esfuerzo que implica conseguir un sueño o un anhelo. Es la otra cara de las historias de quien sólo conoce el éxito... el éxito de tener un padre con relaciones de poder y con dinero... el éxito de tener una tarjeta adicional a la que le puedan sumar cuentas y más cuentas sin siquiera preocuparse por pagarlas... el éxito de vivir a costa de las prerrogativas que les da la empresa por estar en un puesto ejecutivo... el éxito de vivir a costa de los pendejos... (sean tus padres, amigos, empleados, y anexos...)


No sé si se deba a una extraña ley de Murphy acerca de la compensación universal... no sé... quizá la relación entre disfrutar de un bien o servicio sea inversamente proporcional al esfuerzo implicado para obtenerlo... o sea mero Karma...


En algunos casos el camino se vuelve más interesante que el destino. En otras ocasiones se disfruta tanto uno como el otro... y quizá lo que para algunos sea una gran experiencia, para otros sea una mera mamada...

Lo cierto es que, en general, se nos ha olvidado disfrutar de la vida en sí. Se nos ha olvidado lo maravilloso que es despertar día con día... lo genial que es tener quien nos ame y a quien amar, lo bello que es llegar a casa con la tranquilidad y la seguridad de encontrar a tus seres amados esperándote... Yo conozco a muchas personas que son una bala en la oficina y que al llegar a casa se encuentran con una pared y una habitación vacías. Sólo les responde el eco. Y no digo que eso sea lo malo... la cuestión aquí es que sean capaces de soportarlo y de apreciarlo... y de aceptarlo.

Nos amargamos porque no pudimos acudir al estreno de la temporada, o porque nuestro presupuesto sólo nos alcanzó para que llegáramos a Tepetongo en lugar de Maui, en fin, ponga usted amable lector la razón más común y pendeja que se le pueda ocurrir o bien, sea sincero y exponga aquí su discapacidad para disfrutar lo que la vida le da...

Ahora que soy esposo y padre, me he dado cuenta que las mejores cosas de la vida son muy bastas y gratuitas: no he podido quizá darme las vacaciones que creo merecerme, pero he encontrado mucha paz y tranquilidad en un abrazo de mi esposa, o en observar la tranquilidad con la que se duerme mi hijo... he visto sus caritas sonrientes con esa alegría exclusivamente dirigida hacia a mí, generándome una sensación tan hermosa que ningún paraíso "viaipiezco" podrían producirme en ocasión alguna. No he encontrado mejor espectáculo que mirar a los miembros de mi familia jugar e interactuar con Mateo, mi hijo. Sus caras de felicidad al cargarlo, al recibir sus babeadas, sus sonrisas... al verse reflejados en esa mirada maravillosa y misteriosa que sólo un bebé puede tener.

Y antes de eso... antes de ser padre... incluso esposo... es maravillosa la sensación de despertarse y saberse amado... aceptado... acogido por un alma afín a la tuya... escuchar una canción que te ponga de buenas en el tráfico... mirar los tonos naranjas y ámbares con los que el sol pinta las cosas a manera de buenos días... la amabilidad del conductor del transporte público que te cede el paso... cuando te acuerdas del chiste que te contó tu cuate cuando le diste un aventón... intercambiar los saludos de los buenos días con las personas que te encuentras de camino a tu oficina... recordar el nombre del señor que tan estoicamente hace el aseo de los sanitarios y sin embargo no deja de saludarte con el tuyo, recibir la invitación a ser parte de la red de amigos de Facebook o de Hi-5 de quien ya hacía tiempo que no veías... tener esa conversación interesante con alguno de tus amigos mientras te dedicas un pequeño tiempo para distraerte de las presiones del trabajo...

Algunas cosas, las mejores quizá, las pasamos por alto... no nos damos cuenta de lo importante que es nuestra salud para disfrutar de un paseo por el parque... o que nuestra nariz aún sea capaz de disfrutar los olores de un pan recién horneado, o que nuestra condición física nos permita aún pasear y caminar largas horas tomados de la mano de la persona a quien amamos. O simplemente, poder abrazar a nuestros seres amados... y un largo e infinito etcétera...

Yo no cambiaría una gran noche de pachanga, por el divertido preámbulo de dormir a mi bebé a ritmo de la rolita de Balú (el oso del libro de la selva) por la noche. No me importa tener o no una posición de poder en mi trabajo, si al llegar a mi casa soy ignorado o no requerido.

No hay nada más reconfortante que compartir una velada de café y cigarrillos con amigos y constatar que la vida ha sido amable con ellos como lo ha sido contigo mismo...

Lo mejor de la vida no está en la exclusividad de la situación, sino en la intencionalidad y en la intensidad para disfrutarla... pasar sobre otros para disfrutar algo, no es real... no puedes pasártela bien rodeado de mierda... a menos que seas un cerdo...

Tal y como versara un jingle publicitario de un canal de televisión abierta mexicano hace más de 20 años: "Las mejores cosas de la vida... te están esperando."

miércoles, 4 de junio de 2008

Otra vez de actitud

De alguna manera, mucho de cómo nos va en esta feria que es la vida depende de cómo la tomemos y de la actitud que tengamos frente a ella, con todo y sus sorpresivos eventos. Está bien que a veces parezca que estamos en una mala racha, pero no creo posible que siempre estemos hasta la madre de lo que nos sucede. ¿En dónde queda nuestra inteligencia emocional o de menos lo que se llama madurez si ante el más mínimo evento que esté fuera de nuestro control estallamos como pinches bombas atómicas?... si... arrasando con todo y todos y cada vez enfureciéndonos más...

Creo que comienza a cagarme esta situación de tener que lidiar con la furia propia y la de los demás. No es posible que la gente vaya por la vida con tal grado de error en su propia convicción al estallar en furia cuando algo o alguien no realiza las cosas de acuerdo a como él o ella designen cómo hacerlo. Creo que es la manifestación más estúpida y primitiva que puede tener un ser humano. Peor aún si esa persona es la cabecera de una familia o está en un cargo de poder. Entonces se desata una pendeja tiranía basada en el terror que se siembre en los corazones de los demás.

Lamentablemente, como parte de la condición humana, el grueso de la población guardamos más los recuerdos malos que los buenos (creo que eso se da como parte de un primitivo mecanismo de memoria inconsciente que nos permite reconocer a posteriori un peligro potencial), y eso hace que cualquier montón de buenas obras que hagamos en nuestra vida sean borradas por un sólo acto violento o negativo que cometamos.

Eso es muy triste... en verdad que si... a veces nuestra propia pendeja ira no nos permite darnos cuenta que no sólo con el acto violento en sí, sino con una mera conducta sutilmente hostil, podemos herir la susceptibilidad de personas más sensibles que nosotros.

No es justo que eso suceda... porque la ira siembra miedo... el miedo genera rencor y el rencor no tarda en convertirse en odio...

La ira no gana amigos, sólo atrae aislamiento, encierro, soledad y más ira...

Y todo se puede evitar con un leve cambio de actitud...

Simplemente... disfrutar...

Esta semana que corre ha sido una semana muy especial para mi familia. Resulta que tras 5 años de servicio y tras cumplir con una incapacidad de dos semanas a causa de un accidente de trabajo, mi esposa fue despedida. Al principio, su reacción fue de sorpresa... aún no acaba de creer que con engaños le habían hecho ir al departamento de recursos humanos, en donde le ofrecieron un discurso políticamente amable y sin darle por escrito razón alguna, le extendieron su carta de renuncia voluntaria. Mi esposa se negó a firmar y dijo que quería hacer sus propias cuentas. Regresó a casa con el shock a cuestas y la confusión en su mirada. Holga comentar que mi esposa era muy apreciada por sus compañeros de trabajo, menos por sus jefes. Ella siempre tenía una sonrisa y una frase amable para todo aquél que se le acercara. Eso me incluía a mí. Esa es una de las razones por las cuales me enamoré de esta mujer: sin importar la circunstancia o lo precario de la situación, siempre hay que guardar una pequeña luz de alegría para iluminar el rostro. Al mal tiempo, buena cara, versaría el dicho popular.

Las siguientes 24 horas consistieron en una tormenta de consejos, deducciones, suposiciones, desilusiones, falsas esperanzas, indirectas, más confusiones, incertidumbres y connatos de llanto, pero no hubo tristeza en su rostro... mi esposa experimentó al final del día una sensación de alivio y de libertad, que al identificarla plenamente, le dió un poco de vergüenza aceptarla.

¿Ahora qué vamos a hacer? me preguntó por la noche mientras reuníamos algunos documentos para avalar sus cuentas y su situación laboral en caso de que existiera un conflicto cuando fuera a aclarar sus dudas. Mi respuesta fue muy sencilla: "ahora vas a disfrutar a nuestro pequeño hijo de casi 4 meses. Ahora vamos a disfrutar la posibilidad de estar con la tranquilidad de que no vas a dejar de verlo por largos períodos de tiempo. Y vamos a disfrutar nuestro tiempo juntos... Nada es fortuito, y cuando algo te deja es porque algo mejor está por venir. Vamos a disfrutar la planeación de la construcción de nuestro propio negocio. Y lo vamos a llevar a cabo...".

Miré en sus ojos ese brillo tan especial que me hace sentir tan seguro, y la abracé con todas mis fuerzas. "No te preocupes... somos esposos y te amo... en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza... además, tenemos a nuestro bebé y no vamos a enseñarle a que se amilane ante la contrariedad." Le dije antes de besarla y volverla a abrazar.

Y si hay algo que he aprendido de mi esposa ha sido eso: Disfrutar de la vida. Gracias a Dios estamos sanos los tres, nos amamos intensamente, nos comprendemos, nos complementamos, nos divertimos mucho y nos disfrutamos a cada momento.

Sé que este es un parteaguas en nuestra vida cotidiana, pues con ambos sueldos ahí la íbamos llevando; ahora con uno menos va a ser necesaria más creatividad para administrarlo. Pero no es el fin del mundo. Es un cambio y nada más. Sé que los cambios asustan... en el último año vaya que hemos sabido de cambios: el embarazo de mi esposa, el nacimiento de nuestro bebé, las mudanzas constantes y temporales, mi inesperado accidente de auto, su accidente laboral y ahora su despido. Pero también ha sido un año de aprendizajes y de lecciones importantes. Sabemos que al final del día contamos (a Dios gracias) con el apoyo de nuestras familias de origen, contamos con nosotros mismos y con nuestros talentos.

Tras asesorase con el organismo gubernamental para conflictos laborales, mi esposa tuvo al fin un panorama más claro y comprendió que, a pesar de lo súbito de su despido y sus dudosas condiciones de finiquito, hay un plan superior para cada uno de nosotros. Y un pleito legal sería desgastante y con pingües resultados. Así que, convencida de hacer lo correcto, firmó su liberación y cordialmente aceptó su pago.

Hay batallas que mejor se ganan sin desenvainar la espada, y sin violencia. Ésta fue una de ellas. En un ambiente laboral hostil e inseguro, con nulas opciones de crecimiento profesional y menos motivaciones para seguir adelante, mi esposa supo encontrarle gusto a su trabajo. Ahora está libre de eso y tiene un abanico de posibilidades de crecer fuera de ese ambiente, antes de ser contaminada. Se siente libre y feliz.

Y yo como su esposo quiero contribuir a que así siempre sea. Para que de hoy en adelante continuemos dedicándonos a no sólo vivir la vida... sino simplemente... disfrutar de ella...

Te amo Tania.

lunes, 2 de junio de 2008

Una réplica al post anterior

A propósito del post anterior, una amiga me comentaba lo siguiente:


"Todos queremos un cuento de hadas... lo más dificil de lograr es el " y vivieron felices", sería interesante ver realmente cuántas personas sobreviven al matrimonio y cuantas son felices... lo más importante, ¿qué piensan del matrimonio?... ¿y qué tan honestos son con sus parejas?, ¿qué porcentaje realmente dice lo que siente y qué porcentaje lo oculta por no herir a su pareja?, ¿quién se sobrepone de los fantasmas y quién nunca los deja ir?, ¿quién realmente perdona y olvida y quién sólo olvida pero nunca perdona?, ¿quién simplemente vive sin ser feliz por que así cree que es el matrimonio?, ¿quién es fiel?, ¿quién pone el cuerno al segundo mes de casado y cree que tener relaciones o ver otra mujer no es infidelidad?, o ¿besar a alguien, hasta que punto una infidelidad? ¿es sólo física? o ¿qué? ¿por imaginarse estar con otra persona ya es infidelidad? las relaciones humanas es un tema brutalmente extenso con miles de opiniones que nunca se terminará, ¿quien vive con una persona por no saber vivir solo?"

Honestamente, está cabrón este asunto, así que... si acaso alguien más pasa por aquí y quiere dejar alguna opinión, están cordialmente invitados.

Ja, ja, ja, ja... Hay cosas que van más allá de lo que se ve a simple vista...
Stay tuned.

domingo, 1 de junio de 2008

Historias de amor

Tal parece que después de muchicientos años, el canon impuesto por William Shakespeare en su obra de teatro Romeo y Julieta sigue vigente hasta la actualidad. Ese amor desenfrenado y juvenil que nos lleva a arriesgar hasta la vida en el imposible proceso de conseguirlo.


Seamos francos, a ninguno de nosotros nos parece muy atractiva la idea de una historia de amor plenamente realizado y consumado. Y baste con checar cualquier novela o película rosa que se nos ponga enfrente: tenemos a dos personajes con una situación establecida, los cuales se conocen y, ya sea por flechazo o por un proceso progresivo, se enamoran y se dan cuenta que andar de la manita no les va a ser tan fácil como parece, dado que varios factores ominosos se interpondrán entre ellos para evitar así que consumen su sublime relación.


Sea cual sea la situación, es muy bien sabido y más que comprobado que la desgracia y el desasosiego, el sufrimiento y la insatisfacción venden y son más rentables que la felicidad y el amor alcanzado. Quizá sea por eso que la mayoría de estas historias, cuando llegan a tener un final feliz, terminan precisamente cuando se ha alcanzado esa meta.Quizá Romeo y Julieta hubiera perdido la magia de ser "la historia de amor" si nos hubiéramos enterado que todo fue un ardid del cura, y que tras los cortejos fúnebres, en el cobijo de la noche y la penumbra, fue a despertar a los amantes y les dio lo necesario para que hicieran realidad su amor con otras identidades y en otro lugar. Quizá no hubiera habido mayor interés en saber que con el paso del tiempo, se llenaron de hijitos y que Julieta se puso gorda y que Romeo se partía la espalda 16 horas diarias en el campo para darle de comer a su pequeña tropa y a su mujercita. Peor aún, saber que en un intento por salir de la rutina, Romeo se mete con una meretriz que le contagia la sífilis y el pobre termina sus días loco y maldiciendo el día en que conoció a la coautora de sus desgracias: la grácil y etérea Julieta. Mientras a ella no le va tan bien, pues al dejar de percibir los ingresos pingües de su marido, se obliga a meter a algunos de sus hijos a trabajar y en el proceso, un par de ellos mueren por cansancio y desnutrición, mientras que a una de las hijas la embaraza uno de los patrones o de los acreedores, quien no acepta reconocer al producto y todavía encima de ello, les desahucia por no tener capacidad de pago. Julieta termina, desesperada huyendo por la noche con sus hijos aún vivos y abandona a Romeo en el hospital para que termine sus días ahí solo. Posteriormente va en busca de su padre para pedirle un poco de apoyo y descubre que su padre la desconoce y la manda a castigar por manchar el recuerdo de su hija muerta. Los pocos nietos que le sobreviven crecen con rencor y urden un plan para matar al abuelo desalmado y tomar lo que les corresponde por derecho. En el proceso, Julieta muere bajo las ruedas de una carreta desbocada, mientras huye de algunos comerciantes que la descubrieron robando viandas para ella y sus hijos. Tan-tán, fin de la historia de amor más grande de todos los tiempos. Bienvenida la nueva historia de Juan Osorio para producirla en el Carnal de las Estrellas, o de menos de Jiménez Pons para pasarla en la tarde en lugar de las (tele)novelitas repetidas de relleno que programan en TV Azquea para los que vamos a comer a las fondas o los que hacemos cola en el banco o en el seguro social nos percatemos que la espera es mucho más infame de lo que ya es.

Nadie nos ha dicho qué pasa después del "... y vivieron felices y comieron perdices", para empezar... ¿alguna vez han visto el tamaño de una perdiz? ¡Son mínimas y raquíticas! Por otro lado, se supone que las que protagonizan las historias de amor son princesas buenas para nada que se la pasan nomás acostadas o echadas o sufriendo o encerradas... a ver... por ejemplo la bella durmiente, si se pasó muchos años en esa condición.... ¡por favor! no me van a decir que no se le atrofiaron los músculos y los ligamentos de las articulaciones, de menos la ropa se le hubiera pegado al cuerpo por acción de los fluidos corporales, la piel se le hubiera hecho de pergamino y hasta llagas en la espalda hubiera tenido por estar tanto tiempo acostada en una sola posición... sin mencionar el alto grado de anemia que se ha de cargar la ruca... ¿se imaginan tener que besar a un adefesio de tal magnitud? ¡que no mamen por favor! Está bien que la realeza europea no es que digamos un dechado de belleza (si no me creen échenle una miradita a la revista "¡Hola!" de España para ver tamaños monstruitos), pero que de menos tengan un poquitito de madre.

Yo creo que por eso la historia de amor más repetida y alabada es la de la Cenicienta, como no comienza de princesa, sino que es toda una mucama, al menos si no le va bien con el cojonudo del príncipe, lo puede mandar derechito y sin escalas a chiflar en la loma y dedicarse a salir adelante con sus talentos, y cuando éstos se le terminen, ponerse a trabajar. Un ejemplo de esto es la doblemente expuesta historia de "Simplemente María", que si mal no recuerdo es un sablazo directo de las historietas que escribiera la Sra. Yolanda Vargas Dulché para la colección Lágrimas y Risas por allá de la segunda mitad del siglo XX.


Y tal parece que la preferencia por las historias de amor mal logradas es universal, como si viniera cosida cual sombra de Peter Pan a la condición humana. Hace muchos ayeres, recuerdo haber visto una caricatura japonesa (creo que era un capítulo del Comando G, Batalla de los Planetas o como sea que los hayan conocido en su país) donde la trama versaba sobre la historia de amor de unos modernos y hippiosos Romeo y Julieta, ambos hijos de dos reinos en pugna, y del interés del villano regular de la serie por mantenerlos separados. A final de cuentas, y luego de destruir una flota de monstruosos robots, los amantes huyen en un jet supersónico y se colocan en sus asientos un poco más tranquilos... y cual va siendo su sorpresa que son sujetados por unas bandas mecánicas que los aprisionan dentro de un robot-cilindro que después se transforma en un pequeño misil y sale disparado para hacer explosión con ellos adentro. ¡Pa' la madre! ¡Cuánta violencia en una caricatura infantil! Al final de la caricatura salía un robot gilipollas que hacía una reflexión patética sobre el romance Montesco-Capuleto espacial.


Las historias de amor que no logra cuajar son muy socorridas, pero tanto se ha abusado de ellas que casi puedo enunciar su fórmula:
Chico A conoce a Chica B, se enamoran pero sus circunstancias particulares no les permiten estar juntos. Luego de librar algunos cuantos problemas lo logran, pero siempre uno de ellos olvida mencionar una parte oscura de su pasado que finalmente termina separándolos.


Honestamente, yo sé que la vida no es tal y como la hubiésemos soñado en algún momento. También sé que a la mayoría de nosotros nos ha pasado que hemos conocido a alguien muy especial y que las circunstancias, el destino, la ira de los dioses, o (siendo más honestos) nuestros propios pendejismos (temores, inseguridades, inexperiencias y una larga lista de etcéteras) nos han dejado con las meras ganas de haber logrado algo con esa persona. Los productores, escritores y en general la gente encargada de los medios también lo sabe y se preguntan… ¿qué habrá más en el mundo: personas felices o personas insatisfechas con su vida? Y luego miran al cielo y se cuestionan: ¿ cuántos de ellos pagarían por ver un atisbo de ligera esperanza que los identifique y los haga sentirse únicos en la vida? Ok…. Creo que ya nos vamos entendiendo…

Dos de los capítulos que más recuerdo, con un poco de congoja en el pecho, de la serie “Años maravillosos” (the Wonder Years) son: aquél donde Kevin y su familia se van de vacaciones y el chavillo conoce a una chica que le bautiza como “ojos bonitos”, viven un intenso romance de verano y al despedirse se juran un amor eterno e indeleble. Tan indeleble como escribir una promesa en la arena. Y el capítulo termina con las fotos instantáneas de ellos dos amarilleándose en un rincón, con la voz en off rematando la historia con un “y jamás volví a saber de ella”. El otro capítulo que recuerdo fue precisamente el final, donde el narrador nos hace saber que a pesar de todo lo que pasaron Winnie Cooper y Kevin durante toda su adolescencia no terminaron juntos. ¡qué chasco! Y sin embargo, de eso se trata la vida, de encuentros y desencuentros. Y cómo cada uno de ellos nos va marcando y nos va preparando para la siguiente persona que venga en turno…

Yo creo que cada uno de nosotros ha disfrutado y sufrido de nuestras respectivas personas en turno… algunas son más intensas que otras, otras más decepcionantes, otras más intensas… en fin, todas y cada una de ellas son parte fundamental del corazón que le entregamos a la persona en turno actualmente… Con detalles y mañas, con golpes y abolladuras… pero siempre dispuesto a creer que esta vez es la definitiva, la verdadera, la correcta… aquella mitad de nuestra naranja para la cual estuvimos preparados genéticamente desde el cielo…

Algunos quizá ya la hemos encontrado y disfrutamos mucho de ello… otros quizá la estén buscando aún, pero lo cierto es que al mirar hacia el reflejo de nuestra sociedad en los medios, nos encontramos que las historias tristes de amor son las más aceptadas… aquéllas donde alguno se sacrifica con la esperanza de otorgar bienestar al ser amado, aquéllas historias donde se rompe un corazón para no destrozar una vida, aquéllas historias donde las segundas partes son tan difíciles como las primeras… no siempre se puede pensar en una segunda o tercera parte con cariño… quizá porque no somos expertos argumentistas y vamos desgastando a los personajes hasta dejarlos secos de sentimientos y hartos de tanto cliché…

En lo particular, mis historias de amor preferidas son aquellas donde el sentimiento trasciende a las personas. Donde hay tanta pasión en un beso o en un encuentro sexual como en un evento cotidiano… y miren que creo que no hay mayor elemento que desgaste al amor que la cotidianeidad y la rutina. Tal y como lo conversaba con una amiga, a final de cuentas un amor sencillo donde sólo se dé y se reciba es lo que se busca para ser feliz en la vida (pero no todo es tan sencillo, hay que saber darle variedad al menú para que no busquemos cambiar de restaurante).

Lamentablemente, estamos más inclinados a la sordidez: nos gusta saber de los amores imposibles que van destruyendo poco a poco a los amantes hasta dejarlos irreconocibles de cómo eran al principio… algunos no sólo nos ha bastado con leerlos o verlos en el cine o la tele, algunos quizá los protagonizamos, los testificamos en las cicatrices de nuestra propia alma o los escondemos en los más oscuros rincones de nuestros recuerdos… o de nuestro olvido.

Sólo baste con escuchar con atención alguna de las rolas que se programan con tanta sensibilidad en cualquier unidad de transporte público, temas tales como engaños, adulterios, triángulos amorosos, crímenes pasionales, abandonos, insatisfacciones, sueños y promesas no cumplidos, pérdidas, reencuentros, y mucho más encontramos en las letras de esas canciones que tan alegremente tararea el grueso de la población (disponibles en su tianguis favorito o en su estación de radio estilo la Zeta).

Algunas de estas conductas se deben a las carencias personales de los participantes de una ópera amatoria: el temor al compromiso, la obsesión hacia el otro, el vacío interno, la eterna insatisfacción, la baja autoestima, la inseguridad, los celos, la ira, la curiosidad, la cobardía, el atrevimiento, la estulticia emocional, la confusión, las taras, las psicopatías, parafilias, y demás ingredientes.

Hay películas que nos relatan amores imposibles como “Chasing Amy” o “Los amantes del puente nuevo”; otras más que nos hablan de amores extraños (“Crash: Extraños placeres”, “De amor y restos humanos”); de amores inducidos por la manipulación de los sentidos, como en el casi de “El Perfume”, de amores perdidos y encontrados como en el díptico “Un hombre y una mujer” y “Un hombre y una mujer 20 años después”, amores fantásticos y sobrenaturales (Ghost, la sombra del amor; Sexto sentido); amores y romances rosas que desafían las posibilidades (Serendipity, Sliding Doors); y amores en apariencia planos, pero que encierran el enfrentamiento y la conjunción de dos mundos (Mi gran boda griega)…

A final de cuentas, nadie quiere estar solo en el mundo realmente. Todos tenemos la capacidad de dar y recibir amor, en la medida en la cual la vida misma y la forma en la cual canalizamos nuestras experiencias nos lo permiten.

Simple o tormentosa, dulce o intensa, quizá la historia de amor que más nos debería de gustar es la que protagonicemos nosotros mismos: aquella que supere todas nuestras circunstancias, buenas o malas; la que nos marque para siempre y que al recordarla nos haga sonreír y disfrutar más esta vida que hemos elegido.

De alguna manera no creo que sea arbitrario el hecho de que nos interesen las historias de amor de tal o cual naturaleza, dado que (visto desde un frío punto de vista) el amor nos hace fijarnos en la existencia del otro y funciona como un mecanismo de supervivencia evolutiva y de permanencia en el planeta. Va mucho más allá del mero instinto de reproducirnos como especie, pero no deja ser un elemento base para ello.

En lo personal, vivo a diario mi propia historia de amor, aquella en la que agradezco a diario por al amor dado y recibido, aquella en la que planeo el día con día y aquella con la que afronto el caos inesperado que es esta experiencia de vivir. Vivo mi historia de amor retroalimentándome con mi esposa y con mi hijo. Sintiéndome parte de algo… quizá pequeño pero algo nuestro (de mi esposa y mío) al fin: nuestra familia. Es una historia con altibajos y problemas, muchos de los cuales auténticamente se arreglan con ofrecer una disculpa y mencionar un “te amo”. Nunca dejamos de apoyarnos, aunque se trate de la más grande barrabasada que se nos haya ocurrido, siempre estamos al pendiente de nosotros mismos y anteponemos nuestro mutuo bienestar a cualquier otro interés ajeno. Todos los días disfrutamos el hecho de estar juntos y permanecer así… ¿qué les puedo decir? Es una historia muy divertida, con mucho aprendizaje… Dudo que se trate de una codependencia, o de una simbiosis, más bien creo que es una relación interdependiente y correspondiente… cada día se refuerzan los motivos por los cuales estamos casados y por los cuales esta historia nuestra de amor continúa…

Pero dudo mucho que una historia así sea de su interés…

¿Y a tí te gustan las historias de amor?

En las fauces de una fiera llamada vida...

La vida es una vieja gorda que juega damas chinas con la muerte, bebe cocteles exóticos y deja que la muerte le meta la mano debajo del vestido. No es lisonjera ni condescendiente, se burla de nosotros y nos rige bajo las leyes de un tal Murphy.

En fin, ésta pretende ser la crónica del deambular de un ente por los rollos de grasa de la gran vieja gorda. A veces con paseos por sus fauces amén de ser masticados como carne corriosa y deglutidos como un bocado suculento... Con tal de no terminar siendo parte de sus flatulencias musicales...

Sean bienvenidos a este bufete, donde todos compartimos lugar en la mesa, sin que necesariamente estemos sentados a disfrutar de él...

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